De la obligación a la elección

Las personas creemos que tenemos ciertas obligaciones, pero muchas de ellas no son auténticas obligaciones sino que son la evolución de decisiones personales.

Puede parecer equivocado decir que nadie está obligado a trabajar, llevar a los niños al colegio o detenerse en un STOP. Pero todo eso son compromisos voluntarios que se gestionan como obligaciones por simplificar. De nuevo, es una síntesis mental.

Un conductor no está realmente obligado a detenerse en un STOP, puede no hacerlo, pero para evitar las consecuencias decide respetarlo.

Es, en el fondo, una cuestión de prioridades y de valores. Las personas no están obligadas a cumplir con sus obligaciones, sino que acometerlas comenzó con una decisión libre y olvidar esto, pensando que todo son obligaciones, es más fácil de gestionar pero oculta información que puede ser muy útil a la hora de moverse por el laberinto mental.

Veamos un ejemplo:

  • ¿Qué te gustaría cambiar?
  • Me gustaría no tener que trabajar
  • ¿A qué te refieres?
  • Tengo que madrugar y aguantar a un jefe idiota.
  • ¿Tienes?
  • Sí, claro. Tengo que ir.
  • ¿Y si no vas?
  • ¡Cómo no voy a ir! Necesito el dinero.
  • Necesitas el dinero
  • Sí, gracias a eso puedo mantener a mi familia, si no fuera a trabajar no podría tener casa y cuidar de mis hijos.
  • Entonces ¿para qué decides ir a trabajar cada día?
  • Para poder tener la familia que decidí tener. El trabajo es un medio, no conozco otra forma de conseguir lo que quiero.

 

Cuando una persona se siente obligada a algo, es muy posible que sea porque considera que es la única opción de lograr algo que desea. Es un debo vinculado a un quiero. La sensación de obligación tiene su origen en que cree que es la única posibilidad, por eso se siente obligado. De nuevo, es una síntesis mental la que hace que esa relación sea indiscutible.

También puede ser que sea un deber para mantener un compromiso previo. Quien cree que debe cuidar de sus hijos lo hace porque sus valores incluyen esa responsabilidad. En cierta forma no está obligado por otros, sino por sí mismo y, por lo tanto, es una expresión de libertad.

Considero que las obligaciones son la forma de tomar decisiones sin que parezca que las tomamos. Usemos como ejemplo cualquiera de estos casos:

  • El jefe te recrimina por algo que no es exacto y además lo hace de mala manera.
  • Estás con en una fiesta y tu pareja se pone enferma.
  • Estás conduciendo tranquilamente y la policía de pide que detengas el coche.
  • Has dormido mal y suena el despertador para llevar a tus hijos al colegio.

En todas estas situaciones, hay una conducta que estamos obligados a realizar, algo que debemos hacer porque no tenemos otra opción.

Ya sea responder de la mejor manera posible al jefe, dejar la fiesta para acompañar a tu pareja, detener el coche o levantarte con mucho sueño, todo son acciones que se hacen por supuesta obligación. Estamos convencidos de que no se debe gritar al jefe, ni dejar a tu pareja indispuesta mientras te diviertes, darte a la fuga sin motivo alguno o no atender a tus hijos.

Según como se mire, no son obligaciones, sino elecciones hechas desde la libertad de decisión. Porque sí podrías gritar a tu jefe, hay quien lo ha hecho. También puedes olvidarte de tu pareja, atropellar al policía o dejar que tus hijos duerman hasta la hora de la comida. Si puedes hacer lo otro y no lo haces ¿no estás eligiendo libremente lo que consideras que debes hacer según tus valores?

Recuerda que el coaching facilita el descubrimiento y la toma de conciencia. Los deberes y las obligaciones sintetizan mucha información sobre la persona. Es trabajo del coach ayudar a las personas a encontrar los motivos vinculados a sus deberes para ayudarles a tomar conciencia de su libertad responsable.

De nuevo hay que estar alerta porque si somos de la misma opinión que el usuario sobre lo que es una obligación (formal, social o ética), podríamos dejar de indagar. Si el coach coincide con el usuario en que hay que trabajar para ganar dinero, es posible que no le pregunte por sus motivos y se perderá una gran oportunidad de descubrimiento personal. Por ejemplo, no importa que tú, como coach, creas que una persona no debe aceptar los desprecios de su pareja, la cuestión es indagar para qué quiere el usuario que su pareja lo respete.

Como profesional del Coaching Realista, muchas veces deberás preguntar al usuario por cosas que, según tu visión del mundo, son evidentes, porque tu visión no importa, en una conversación de coaching sólo importan los puntos de vista del usuario.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.