Clarificación del objetivo

Una vez que el profesional comienza a trabajar, tener el objetivo claro es imprescindible para tomar decisiones durante las sesiones.

El compromiso del coach es con el usuario respecto a su objetivo y muchas de las decisiones que tome el coach en las sesiones están condicionadas por el objetivo.

Por lo tanto, el coach y el usuario deben estar de acuerdo en cuál es el objetivo y éste debe ser válido para ambos.

Suelo comenzar los procesos de coaching con esta pregunta:

  • ¿Para qué quieres aprovechar este proceso?

Sería estupendo que el usuario respondiera con un objetivo claro, medible, personal, etc. Pero no suele ser así. Si el usuario ha solicitado coaching es porque algo sucede. En algún momento ha decidido que quiere coaching y es porque algo necesita que no está consiguiendo por sí mismo. Esta pregunta sirve para comenzar la conversación.

No son pocas las veces que dicen que no lo saben. Esto puede suceder cuando vienen porque quieren un cambio pero no saben cuál o si están en la sesión por recomendación de otra persona y no saben muy bien qué va a suceder.

En cualquier caso, cuando no hay una respuesta clara a la primera pregunta, mi segunda opción suele ser:

  • ¿Qué quieres cambiar de tu vida?

Y aquí se acabó el guion. Son las dos únicas preguntas que sé que voy a utilizar, para continuar necesito que la persona comience a describir la realidad como él la ve para yo comenzar a indagar.

En esta fase, el coach dirige su curiosidad hacia:

  • Qué quiere cambiar de su vida
  • Qué quiere para su futuro próximo
  • Qué necesita resolver
  • Qué quiere para sí
  • Qué necesita cambiar de sí mismo o de su entorno.

Cuando la persona haya dado una vuelta por estas necesidades, el coach la acompañará a elegir una para comenzar.

Los retos a los que te enfrentarás en esta etapa son, entre otros:

  • Lo que es imposible o no se puede.
  • Lo que ya ha intentado.
  • Lo que debe y no debe hacer.

El objetivo debe identificarse independientemente de estos obstáculos. Las convicciones sobre lo que es y no es posible, forman parte de ese laberinto invisible que le impide moverse. No digo que cualquier meta sea alcanzable, lo que digo es que se pueden establecer nuevos caminos de pensamiento cuando la persona se permite indagar donde antes no lo estaba haciendo.

Para vencer estas limitaciones, se puede recurrir a preguntas como:

  • ¿Y si fuera posible?
  • Imagina que te despiertas y todo está resuelto. ¿Qué habrá cambiado?
  • Si todo saliera aceptablemente bien, ¿cómo será tu vida en el futuro?
  • Hablando de algo que el usuario cree que no puede conseguir o hacer: ¿Quién si puede? ¿Qué tiene él que te falta a ti? ¿Para qué lo haría él?
  • ¿De qué forma sí es posible?
  • ¿Qué otra cosa sería igual de bueno?

Para ilustrar esta idea, voy a compartir lo que recuerdo de un ejemplo real. No es una transcripción exacta, pero sí creo que se aproxima mucho a cómo fue la sesión. Se trata de una persona que quiere un cambio en el trabajo porque su jefe siempre está encima de ella, critica mucho lo que hace, están siempre enfadados y discuten mucho:

- ¿Y qué necesitas?

- Matar a mi jefe.

- ¿Para qué lo matarías?

- Eso es una tontería, no tiene sentido.

- Imagina que fuera posible. ¿Para qué lo matarías?

- Que yo no quiero matar a nadie.

- Supón que un día llegas al trabajo y tu jefe está como muerto. No hace falta que lo mates, pero sería igual

- ¿Si llego y es como si estuviera muerto?

- Sí

- Sería una gozada.

- ¿Qué cambiaría?

- Me dejaría en paz. Podría hacer mi trabajo como quiero, no lo tendría encima y podría organizarme.

- ¿Qué más?

- Cuando terminara, lo resucitaría para que viera el resultado. Creo que se sorprendería mucho de lo bien que rindo si me da algo de espacio.

Como consecuencia de esta indagación, la persona tomó conciencia de qué necesitaba pedirle a su jefe. Hasta ese momento creía que su única opción era marcharse porque era imposible convivir con él y, gracias a esta técnica, descubrió que no es que no pudiera hablar con él, es que no le estaba pidiendo lo que realmente necesitaba. Lo que necesitaba no era dejar de discutir, sino que le pidiera resultados en vez de mandarle tareas. Con este cambio de observador, las otras fases de la sesión fueron ágiles. Inspeccionamos la realidad centrándonos en el tipo de tareas que tenía y encontró el contexto, el momento y la forma de conseguir que él le pidiera resultados sin supervisar las tareas al detalle.

No importa lo que el usuario quiera cambiar de su vida, sea lo que sea, es un punto de entrada para conocer sus aspiraciones y hacer explícita su narración. Será el diálogo y la curiosidad lo que permita identificar objetivos abordables.

Es posible que, una vez nombrados algunos objetivos, cueste conseguir que sean abordables por ser demasiado genéricos (ser feliz), dependientes de otros (que me deje en paz) o no vinculados a la persona (ganar más dinero). En ese caso el coach puede pedirle que elija uno y avanzar a la siguiente fase: su personal forma de narrar la realidad. Sabiendo que el objetivo aún no es válido, el coach escucha el discurso y le ayuda a cuestionarse sus síntesis mentales. De esta forma va tomando conciencia de nuevos matices y, en algún momento, identificará un objetivo concreto y trabajable.

Una forma de concretar el objetivo es pedir un ejemplo real y reciente:

- Me gustaría estar más tranquila

- ¿A qué te refieres?

- En casa, discutir menos.

- ¿Puedes poner un ejemplo?

- Ayer mismo …

 

[Dejamos que  el usuario narre su visión de la situación]

 - Si lo he entendido bien, lo que pasó fue…

 

[Ofrecemos una devolución centrada en los hechos y libre de juicios y suposiciones]

 

- Sí, eso es.

- ¿Qué querrías que hubiera pasado?

- Que no hubiéramos discutido

 

[Esto no sirve, está en negativo y lo útil es en afirmativo. Le ofrecemos la posibilidad de que descubra que es lo que sí quería que sucediera. Nos focalizamos en el futuro y el resultado ideal]

 

- En esa situación ¿qué habría sido lo ideal?

- Me gustaría que los dos hubiéramos mantenido la calma.

 

[Queremos más concreción para que defina qué es lo que sí quiere conseguir]

 - ¿Qué habría cambiado?

 [Continuamos focalizados en el futuro y el resultado ideal. Le ayudamos a que explique una nueva escena, que hace uno, que hace otro, etc. Como si fuera un guion de cine en el que se explica qué sucede y qué hacen los personajes. Nos fijamos y le ayudamos a concretar qué quiere ser capaz de hacer el. Finalmente, indagamos sobre sus recursos]

 - ¿Qué necesitas tú para conseguirlo?

- Dejar de pensar que lo hace para molestarme.

[Hay que depurarlo un poco, porque está en negativo y para que sea útil debe estar en afirmativo. Podemos indagar más preguntando a qué se refiere, etc. Si queremos ser más directos, podemos ir directamente a:]

- ¿Qué quieres pensar?

- Que no se da cuenta.

[Con esto ya tenemos un cambio de observador que tiene un nuevo objetivo abordable. Desde aquí podríamos avanzar a las siguientes fases. El nuevo enfoque: descubrir qué cambiará cuando piense eso, de qué le servirá, qué le aporta. Y la acción: qué necesita para conseguirlo, etc…]

 

El objetivo puede quedar fijado nada más comenzar la sesión, a los 10 minutos o a los 40 minutos. A veces, identificar un objetivo adecuado para el proceso puede suponer una sesión completa. El objetivo es necesario para gestionar la sesión y a veces, identificarlo puede ser lo único que realmente limitaba al usuario. Así que, si después de media hora no hay un objetivo, se debe seguir indagando para transformar el objetivo genérico en un abordable. Ese proceso de indagación parte de un objetivo genérico, pasa por la indagación de la realidad, cuestionamiento de síntesis mentales, nueva toma de conciencia y concluirá con la concreción en un objetivo trabajable.

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