Dónde interviene el coaching

En cierta forma, en su funcionamiento, la mente está dividida en diferentes facetas de procesamiento. En la más profunda están los instintos básicos (como el de supervivencia) y en la más visible está el consciente más evidente que utilizamos para pedir un café. Entre el instinto animal y el consciente se encuentran las emociones y las síntesis mentales producto del aprendizaje.

Voy a describir una escena cotidiana para ilustrar cómo actúa cada una de estas cuatro facetas o niveles en nuestro día a día.

Supón que entras en un bar a pedir un café, este es un acto que haces de forma consciente. Pero si, cuando vas hacia la barra, tropiezas, la mente instintiva tomará el control de tu cuerpo para extender los brazos y protegerte de la caída. Ese gesto no lo has razonado ni decidido. Sólo lo haces y, en cierta forma, te conviertes en espectador de ti mismo.  La faceta instintiva es muy poderosa porque es capaz de tomar el control de todo sin que puedas evitarlo.

Después del sobresalto, notas una emoción de tensión. Estás como activado, listo para la acción, nervioso. En ese momento se puede decir que estás emocionalmente alterado. Tienes una emoción que te predispone a actuar y te mantiene alerta. Tal vez alguien te diga que te calmes, que no ha sido nada, pero no puedes. No tienes control inmediato sobre esa emoción. Parece ser más fuerte que tú.

Para calmarte, te planteas sentarte y tomar ese café porque sabes que, en otras ocasiones, un café tomado despacio te ha proporcionado momentos de calma.  Te sientas y pides un café como te gusta. Tal vez corto de leche, con la leche fría y con azúcar.  Estas preferencias las tienes  porque es lo que has ido aprendiendo con tu experiencia.

Estás decidiendo en base a lo que te gusta, lo que conoces y lo que te parece correcto. Estos conocimientos los tienes porque la mente ha generado una serie de simplificaciones para que no tengas que estar constantemente analizando las situaciones para tomar decisiones cotidianas.

Ya con el café entre las manos, te das cuenta de que falta una cucharilla. Miras a tu alrededor y te planteas tomarlo sin remover, buscar otra herramienta o pedir una cuchara. Tomas una decisión consciente, levantas la mano y haces un gesto al camarero.

Se podría decir que tu parte instintiva estará siempre alerta, lista para tomar el control ante cosas que no te da tiempo a ver. ¿No te ha pasado a veces que te has protegido contra algo antes de que lo vieras? Si el camarero tropieza cuando te trae la cucharilla y su bandeja vuela hacia ti ¿no tienes la sensación de que te cubres con los brazos antes de que te dé tiempo a ver la bandeja venir? Eso es porque tus ojos sí ven la bandeja, pero antes de que la información llegue a tu consciente, la parte instintiva ya está informada y actuando.

  • Cuando reaccionas con ira cegadora, está dominando tu parte más instintiva.
  • Cuando haces algo que en parte no quieres pero no puedes dejar de hacerlo, es posible que tu parte emocional esté tomando el control.
  • Todas las decisiones conscientes requieren de simplificaciones mentales que ya das por buenas sin pensarlo.

Es cierto que, en ocasiones, la mente consciente puede manejar a la instintiva, pero para eso deben compartir información de forma explícita. Gracias a eso, conseguimos permitir que nos pinchen para sacarnos sangre, porque el consciente informa por adelantado a la mente instintiva de que nos van a pinchar y que está bien. De otra forma, si alguien nos pincha sin verlo venir, reaccionamos retirando el brazo.

Las emociones nos informan de una manera abstracta que a veces cuesta interpretar. Así, el miedo es un aviso, pero no siempre sabemos cuál es el riesgo. Estar a gusto, felices, inquietos, preocupados, tristes o expectantes son métodos abstractos de simplificar información almacenada. Compras la ropa que te gusta o te hace sentir bien porque hay emociones asociadas a información que no se muestra. No somos conscientes de por qué nos gusta una cosa u otra, pero estamos más satisfechos cuando disfrutamos de lo que nos gusta, sea por el motivo que sea.

Desde que nacemos, estamos muy atentos a lo que sucede y vamos aprendiendo cómo funciona el mundo.  Recordamos lo que duele, lo que quema, lo que nos da placer, lo que nos gusta y lo que nos disgusta. Todo esto se convierte en síntesis mentales que nos permiten actuar cada día.

Cuando aprendemos a andar, escribir o conducir; dedicamos toda nuestra atención hasta que automatizamos los movimientos. Ese proceso de automatización es el resultado del aprendizaje y las distintas conclusiones que la mente va obteniendo.

El aprendizaje real es más que automatizar los movimientos de cambio de marcha, manejar el bolígrafo o usar los músculos. Parte de este aprendizaje se almacena y luego se muestra en forma de emociones. Por ejemplo, dependiendo de las vivencias, una persona podría almacenar mejores sensaciones al conducir en autopista que en calles estrechas o al escribir en cuadrícula en vez de folios en blanco.  Esto provocará que la persona prefiera lo uno a lo otro porque siente que le gusta más, sin recordar qué motivos o experiencias provocaron esa conclusión.

Con el paso del tiempo, la mente aprende en muchas direcciones y algunas veces almacena recuerdos y llega a conclusiones que son contradictorias.

En la escena de la cafetería, aunque te pediste un café, por un momento tal vez te planteaste tomarte una cerveza. Quizás estabas más nervioso de lo deseable después del tropezón y tu memoria sabe que una cerveza te relaja mucho más. Pero tu memoria también recuerda que luego te distraes en el trabajo con más facilidad. Y tu memoria también sabe que no te importa tu trabajo. Y también tienes almacenado que si no rindes luego te sientes culpable por no acabar la tarea. Y también recuerda que tienes una responsabilidad. Aunque no quieres sentirte esclavo de tu trabajo y quieres vivir tu vida y tienes derecho a relajarte. También recuerda que son las 11:00 de la mañana y te mirarán mal los del bar y que eso no te importa y también te importa.

Tienes cientos de recuerdos y conclusiones previos que pueden llegar a conformar un laberinto. Esto no es un problema cuando hay una alineación de emociones, motivos y opciones claramente ganadoras. Simplemente te pides un café o una cerveza.

El bloqueo aparece cuando los diferentes intereses internos impiden que tomes una decisión clara. En estas situaciones, a veces te bloqueas u oscilas. El bloqueo lo conocerás porque te impide decidir o actuar. La oscilación aparece cuando actúas de forma contradictoria y, cuando te traen el café pides la cerveza y luego te tomas el café y dejas la cerveza, pero le das un trago antes de irte. También está el remordimiento, ese que aparece cuando, una vez que has actuado, piensas que deberías haber hecho lo contrario.

Es como si hubiera distintas personalidades en conflicto y, pese a ser contrarias, tan pronto tienen razón unas como las otras. Por este motivo tomas una decisión y luego cambias de idea sin poder determinar con seguridad cuál es la opción correcta. Esas personalidades, los niveles y las emociones están trabajando constantemente para el usuario de manera diferente, y si no hay un claro ganador generarán tensión y provocarán bloqueo.

Es normal que a veces no tengamos claro qué queremos o qué podemos hacer.  La persona puede actuar desde el consciente para escuchar y decidir, como haría un director de orquesta con todos los músicos, pero para hacerlo necesita conocer los instrumentos con los que cuenta: sus motivos, sus fundamentos y sus emociones. Cuando en la orquesta hay músicos escondidos, la melodía suena mal, porque el director no tiene acceso a lo que hacen, aunque los oye, no los controla y pueden llegar a dominar el resultado. El coaching sirve para tomar conciencia y permite al usuario decidir con más conocimiento.

En un proceso de coaching, el coach escucha la explicación de la situación y ayuda al usuario a llevar al consciente las síntesis que la mente está utilizando y no muestra. La mente está llena de aprendizajes que nos muestra como realidades sin serlo. Nos muestra con diferentes intensidades intereses contradictorios y motivos enfrentados, pero no nos damos cuenta.

Si tomamos los testimonios que he puesto antes, veremos algunas de estas conclusiones o síntesis mentales. Antes de mostrarlos, es importante aclarar que no los estoy valorando. No se trata de saber si son válidos, buenos, coherentes, fundados o adecuados. Tampoco es importante si son más o menos evidentes, por ahora sólo voy a señalarlos.

En este texto:

“Mi caso en concreto trataba mi falta de autocontrol de mis emociones; yo era consciente de que muchas veces la ira o la impotencia me acababan dominando en situaciones de estrés, etc, sobre todo al tener que enfrentarme repetidamente a problemas familiares algo más serios que la típica riña de un adolescente. A veces explotaba, y acababa discutiendo, hablando mal o gritando a alguien.

Era consciente de que en esos arrebatos acababa haciendo daño a alguien; mi madre, mi padre, mi mejor amiga (en este caso, porque a veces ella no sabía cómo animarme), o a mí misma; así que acepté empezar las sesiones de coaching.”

Estos son las síntesis más relevantes, aunque hay más, enumero aquí sólo las más obvias.

Mi falta de autocontrol de mis emociones:

  • Me falta control sobre mis emociones.
  • Esa falta de control es perjudicial.

La ira o la impotencia me acababan dominando:

  • Sentía ira y sentía impotencia.
  • Esas emociones llegaban a tomar el control de mis actos.

… en situaciones de estrés:

  • He padecido estrés. Ese estrés ha propiciado las pérdidas de control.

… sobre todo al tener que enfrentarme repetidamente a problemas familiares algo más serios que la típica riña de un adolescente:

  • Hay situaciones donde era más frecuente esta pérdida de control.
  • Tengo que enfrentarme (no puedo ignorarlos) a problemas familiares.
  • Hay problemas en mi familia.
  • Estos problemas son más serios de lo que yo debería soportar.
  • Soy una adolescente.
  • Hay riñas que son típicas de adolescente.

Era consciente de que en esos arrebatos acababa haciendo daño a alguien:

  • Hacía daño y me daba cuenta.

… [mi mejor amiga] no sabía cómo animarme

  • Es mi mejor amiga.
  • Quiere ayudarme.
  • No sabe cómo animarme.
  • Eso es un problema para mí.

En el ejemplo de la cafetería podemos suponer otras simplificaciones:

  • Quiero un café
  • Me gusta el café con leche, corto de leche y sin azúcar.
  • “Corto de leche” tiene un significado concreto.
  • Es normal ponerse nervioso cuando uno tropieza.
  • La cerveza me relaja.
  • No es hora de tomarse una cerveza.
  • El camarero se olvidó de mi cucharilla.
  • Etc

Tal vez, al leer estas afirmaciones internas, has emitido algunas opiniones. Puede que estés de acuerdo con algunas de ellas y puede que con otras no. A lo mejor has emitido opiniones a raíz de lo que has leído o, incluso, has generado un juicio sobre algún o de los protagonistas.

Todo esto es lo que nunca debe hacer un coach profesional en una sesión. Ten en cuenta que debes ser un observador neutral mirar desde fuera del laberinto sin entrar en el del usuario y sin construir el tuyo propio. No estás acompañando si:

  • Opinas sobre la persona. Por ejemplo pensando que ser adolescente no le exime de responsabilidad o, en el ejemplo de la cafetería, crees que no debería pensar en lo que piensen los demás.
  • Te posicionas a favor o en contra de sus opiniones.
  • Se te ocurren cosas que hacer que resolverían la situación.
  • Notas emociones que vivirías si tú estuvieras en esa situación.
  • Opinas mentalmente sobre lo que el otro está haciendo para resolver su encrucijada.

Eliminar estos pensamientos no es tarea fácil y no suele ser el resultado de un aprendizaje, sino de una transformación. Más adelante avanzaremos sobre el respeto del otro como legítimo otro, la gestión de los pensamientos bloqueantes en las sesiones y la objetividad como una ilusión.

Estas síntesis mentales del usuario y del coach se pueden agrupar en:

Inferencias y suposiciones: se detectan cuando una persona añade información que realmente no ha recogido y con eso compone una realidad. No significa que sea incorrecta, sólo que es información no recogida por los sentidos. Por ejemplo: el camarero no trae la cuchara porque no quiere.

Opiniones: también llamadas juicios. Nos permiten posicionarnos frente a la realidad y actuar. Están basadas en nuestra experiencia pasada y se emplean para tomar decisiones futuras. Por ejemplo: Es un mal camarero por no estar atento.

Predicciones: son las suposiciones (o incluso certezas) sobre lo que va a suceder. Por ejemplo: si se la pido se enfadará.0

Convicciones (o creencias): son opiniones que están tan integradas en la persona que no es consciente de que son subjetivas y las considera realidades. Por ejemplo: no debe enfadarse si le pido una cuchara.

El coach trabaja con el usuario atendiendo a la estructura de su discurso. Es decir, escucha cómo narra la situación y está atento a la aparición de ciertos elementos que se detectan gracias al lenguaje del usuario. El coach no valora si tiene o no tiene razón, no analiza el problema ni analiza al usuario, sólo escucha la narración para ayudar al usuario a ver lo que no está viendo de sí mismo, en la mayoría de las ocasiones, ayudándole a observar sus síntesis mentales para que las fundamente, mejore, cambie o cuestione.

Si estuviéramos hablando de un laberinto de verdad, el coach no aprende los caminos ni trata de guiar al usuario hacia la salida. Su trabajo es ayudarlo a ver las paredes, a identificar las que no son reales, a definir sus objetivos (que serían las salidas) y encontrar opciones creativas para avanzar.

Volviendo a los ejemplos anteriores, estas son algunas de las cosas que el coach NO hace:

En el caso de María, 16 años:

  • Considerar si lo que le pasa es una pérdida de control.
  • Sopesar si aquello estaba provocado por el estrés.
  • Pensar en si los problemas familiares eran más serios de lo normal.
  • Coincidir o discrepar con ella en que eso era un problema.
  • Animarla, consolarla o prometerle que todo iba a salir bien.
  • Empatizar con la tristeza de la usuaria y compartir sus emociones.

En el ejemplo de la cafetería:

  • Valorar si las 11:00 es una buena hora para tomar una cerveza.
  • Aconsejar sobre qué hacer después de un sobresalto.
  • Decirle que debería pedir la cucharilla para hacer valer sus derechos.
  • Pensar que esa persona se pone nerviosa demasiado pronto.

Todos esos pensamientos están marcados por las síntesis mentales del coach y, por lo tanto, forman parte de su propia realidad. En definitiva, el coach:

  • No vuelca sus síntesis mentales en el usuario.
  • No se mete en el laberinto del usuario.
  • No interpreta en su realidad la narración del usuario.

Es como si el coach permaneciera en lo alto de una colina, observando a la persona manejarse en un laberinto que sólo ve ella. El coach se limita ayudar a que la persona observe si cada pared es real, si es un obstáculo insalvable, si puede sortearlo, cambiarlo o eliminarlo, etc.

Cuando el coach comparte la opinión del usuario, sus emociones y, en cierta forma, acompaña al usuario desde dentro de su laberinto, deja de ser una ayuda. Aunque sea más empático, es menos útil.

En conclusión:

  • La mente humana tiene una gran capacidad de recepción y procesamiento de información, pero no toda puede ser gestionada por la parte consciente. El inconsciente la sintetiza para que nos sea manejable y la presenta en forma de emociones, sentimientos, convicciones, certezas, gustos, traumas, motivaciones, etc…
  • Estas síntesis inconscientes son imprescindibles para el día a día. Nos permiten decidir y actuar con celeridad.
  • Algunas de estas síntesis inconscientes limitan, confunden y bloquean a las personas, reduciendo su potencial personal y profesional.
  • Hay ocasiones en que las personas no comprenden lo que ellas mismas sienten o piensan porque no tienen acceso a toda esta información, lo que genera bloqueos, luchas, confusión y contradicciones interiores.
  • El coach trabaja en la estructura de la narración hecha por el usuario, sin valorarla. Observa y muestra las síntesis para que el usuario decida qué hacer con ellas.

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17 opiniones en “Dónde interviene el coaching”

  1. Muchas gracias Carlos por toda la información que recibo en los correos, me parece impecable y maravillosa la función y el trabajo del coach realista, me parece una obra de arte, en cuanto me sea posible me apuntaré al curso para formarme, me parece súper interesante aprender las técnicas del coach realista, gracias, muchas gracias Carlos

      1. Gracias por el mail y sus narraciones. Estoy estudiando coaching, y me ayuda mucho sus mails y los videos you tube. Lo sigo y recibo mucho aporte de este material.

  2. Muchas gracias todo lo que me envías me ayuda a creer más en esta técnica de ayuda, y cada vez más convencida de querer aprender y ejercitarla.

  3. Hola! estoy en mi 2do año de coaching arrancando con mis prácticas y de verdad me ha sido de mucha utilidad el material que has traido! sobretodo me quedo con la metáfora del laberinto.

  4. Qué buena información, me gusta este nuevo formato. Felicidades, seguro habrá más seguidores. Gracias por compartir tus conocimientos y experiencia. Dios te bendiga Carlos Melero. 🙂

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