Escalera de inferencias

Piensa en la última vez que te enfadaste por algo que hizo otra persona.

¿Ya? Recuérdalo, repásalo y cuando estés convenido de que tu enfado se debe a lo que hizo, sigue leyendo.

Plantéate algunas cuestiones:

  • ¿Habría sido igual si lo hubiera hecho otra persona?
  • Invéntate un contexto en el que eres tú quien hace eso. ¿Te enfadarías contigo por hacerlo? ¿Sería justo que se enfadaran otros?
  • Eso que hizo ¿molestó o habría molestado igual a todas las personas?

Ante lo que es un mismo hecho, reaccionamos de forma diferente dependiendo de la persona, el momento, las circunstancia porque, desde que tomas conciencia de eso que sucede hasta que te enfadas, se producen una serie de pensamientos en tu mente. Muchas veces son pensamientos inmediatos y de los que no te das cuenta, son tan rápidos que no reparas en que no te disgusta lo que ha hecho la otra persona, te enfadas por cómo interpretas lo que está sucediendo.

Si has quedado con un amigo para ir al cine y éste llega media hora tarde, sin avisar y provocando que no podáis usar las entradas que ya has comprado ¿te enfadarías mucho? Tal vez pensarías que es una falta de respeto, que se olvidó de ti; tal vez que es un egoísta. No es su retraso lo que te molesta, sino todo lo que tu mente supone que hay en torno a ese retraso.

Si, cuando finalmente llega, descubres que ha estado asistiendo a víctimas en un accidente, justo al lado del cine y no podía avisar porque ha entregado su teléfono para que pudieran comunicarse con los servicios de emergencias ¿seguirías enfadado con él? ¿Y si una de las víctimas fuera un querido familiar tuyo?

En esa situación, es posible que, al enterarte de todo, tal vez ya no estuvieras enfadado con él sino contigo por no confiar en él desde el principio o por no haberle preguntado. De nuevo estarías disgustado, esta vez contigo y aun así, no estarías enfadado por lo sucedido, sino por lo que interpretas de lo sucedido y la opinión que te formas de ti mismo.

En ambos casos, no son los hechos lo que provocan tu enfado, sino tu interpretación de los hechos y, por lo tanto, puedes gestionar mejor ese estado de ánimo cuando tomas conciencia de qué pensamientos se (des)encadenan desde que observas lo sucedido hasta que te enfadas.

El proceso mental que deriva en el enfado comienza con la observación relativa. Recuerda que cuando observamos algo, nuestra mente filtra lo que considera relevante y si estás esperando en la puerta del cine, puede que el jaleo que se oía en la otra calle no fuera relevante para ti. Nunca conoces todo lo que ha sucedido ni lo que hay en las mentes de las personas involucradas.

A partir de la información parcial, nuestra mente recupera de la memoria convicciones personales, por ejemplo que llegar tarde es una falta de respeto o de compromiso. Lo enriquece con suposiciones tales como que a la otra persona no le importa estar llegando tarde o que prefiere estar haciendo otra cosa. Entonces vas llegando a conclusiones del estilo de que tu amigo no te respeta. No te enfadas porque llega tarde, te enfadas porque no te respeta y esto último, es una conclusión personal que no tiene por qué ser cierta.

Tanto es así, que muchas veces el enfado es proporcional al tiempo que tenemos para pensar en ello porque es tu mente la que te enfada, no el hecho.

Ni tú ni el usuario de coaching os enfadáis porque otra persona llegue tarde o por su carácter; ni porque os griten o porque desordenen vuestras cosas. Os enfadáis por lo que interpretáis al observar eso.

El enfado está compuesto por diferentes elementos que aparecen en mayor o menor medida en cada caso:

  • Motivación
  • Convicción
  • Opinión
  • Percepción limitada y filtrada
  • Interpretación
  • Suposición

Las convicciones son nuestra visión del mundo: llegar tarde es una falta de respeto.

Las suposiciones (o inferencias) son una forma de completar la información que tenemos a partir de supuestos no confirmados: no le está importando llegar tarde.

Las interpretaciones son la explicación que damos a los hechos: no lo veo por aquí, así que no ha venido aún.

Averiguar la información que no estamos observando sobre el enfado nos devuelve el control porque ya no es algo externo lo que te enfada sino tú mismo, por lo tanto dejas de estar a merced del evento externo para depender un proceso mental que puedes controlar.

Puedes desarrollar la capacidad de detectar esta escalada de pensamientos y, con la práctica, decidir en cada caso si quieres dejarte llevar o tomar tú el control de tus suposiciones. Cuando tomes conciencia de este proceso en ti, podrás curiosear en el proceso del usuario.

Si crees que te enfadas por lo que hace el otro es que no te has parado a mirar dentro de ti. No te enfadas por lo que hace el otro sino por lo que tú interpretas a partir de lo que observas. Y esto le sucede también al usuario, cuando exprese un enfado, puedes ayudarle con tu curiosidad a descubrir qué interpretaciones está haciendo.

He tenido varios procesos en los que la persona comparte el objetivo de controlar su enfado. A veces quieren controlarlo y otras veces quieren que “no le importe” lo que hace el otro. En estas situaciones dedicamos una sesión a hacer el ejercicio que propongo más adelante. Con una pizarra en blanco vamos yendo paso a paso hasta que llega a la conclusión final: mi enfado es mío. Una vez que han descubierto esto, en la siguiente cita comentan que ya no se enfadan en esa situación y recalcan que no es que controlen el enfado, es que éste no aparece. Tengo comprobado que la simple toma de conciencia de este proceso mental hace que la persona reaccione inconscientemente de forma diferente.

No se trata de que las cosas no te importen, sino de que no te hagan perder el control. Puedes igualmente reaccionar ante un hecho que no te gusta, pero siendo dueño de ti mismo/a. Ayudar al usuario a tomar conciencia de este proceso le permitirá conocerse y ser dueño de sus reacciones. Hay mucha información interesante sobre las personas dentro de un enfado. Someterlo a este análisis os permitirá descubrir valores, compromisos, inferencias, etc.

Te propongo este ejercicio para ti y para que lo apliques con en tus conversaciones de coaching:

 

  1. Identifica algo que te haga enfadar.
  2. Clarifica los hechos. Sólo los hechos observables. Consideramos hechos observables aquello que captan los sentidos, queda excluido todo lo que requiere interpretación. Por ejemplo: "se enfadó" es una interpretación, el hecho observable es lo que te dijo y las características sobre cómo lo hizo.
  3. Al dejar sólo los hechos, han quedado fuera otros elementos, identifica las suposiciones, interpretaciones y convicciones.
  4. Responde a estas preguntas y ve añadiendo convicciones e interpretaciones que vayan apareciendo:
  • ¿Qué tiene de malo lo que ha sucedido?
  • ¿Y qué hay de malo en eso?
  • ¿Por qué es malo?
  • Si él/ella tuviera un 2% de razón. ¿En qué tendría razón?
  • ¿Cómo le explicarías tu punto de vista a un niño de 3 años sin incluir afirmaciones como "es así", "lo normal", "lo correcto", etc?

 

No me refiero a que se simule una conversación con el otro como si tuviera 3 años. Lo que quiero decir es que imagines que le estás contando el problema a una persona de 3 años. Esto es para que expliquéis la situación teniendo en cuenta que el oyente no tiene ni idea del contexto, las normas sociales, las expectativas comunes, etc…

 

  • ¿Qué sería lo normal? ¿Qué lo hace "normal"?

 

El objetivo es revisar todas las síntesis mentales y, partiendo del supuesto motivo de tu enfado, componer una afirmación de estas características:

 

Cuando haces/sucede/observo ________  (los hechos)
yo interpreto __________
y esto me afecta porque para mí es importante ______________

 

De esta manera te das cuenta de que el motivo del enfado no es lo que otro hace, sino lo que interpretas con lo que hace y cómo eso afecta a tus valores.

Si el usuario te pide que su objetivo sea dejar de enfadarse, puedes hacer este ejercicio tal cual lo he descrito añadiendo tus habilidades de indagación. Si no es su objetivo, pero aparece un enfado como un obstáculo o como una posible fuente de información, usa estos conceptos para indagar en su escalera de inferencias:

  • Curiosea su escalera y haz de espejo sin juzgar.
  • Encuentra opiniones, convicciones y suposiciones. Acéptalos como existentes, aunque no estés conforme y separa los hechos de las síntesis mentales.
  • Devuelve y valida con el usuario los significados que escuchas.

Acompaña a encontrar otras maneras de interpretar los datos.

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