Las preguntas

Las preguntas son la forma de actuar en una conversación de coaching. Una pregunta permite a la persona poner atención en alguna dirección. Es como si le dieras una linterna al usuario y con las preguntas le pidieras que iluminara un sitio u otro. El objetivo de la pregunta es que observe qué hay ahí y el coach, como acompañante, observa con él porque también ignora las respuestas.

Cuando queremos ayudar a la otra persona a desarrollar su pensamiento sin aportar nuestra realidad, utilizaremos preguntas de curiosidad. Aun así, no todas las preguntas son igual de potentes e incluso algunas pueden ser contraproducentes.

El poder de las preguntas es extraordinario ya que, por lo general, las personas no pueden evitar responderlas y ayudan a generar realidad.

Antes de continuar quiero hacer una pequeña pausa y lanzar una pregunta que espero que no respondas:

¿De qué color es la página que estás mirando?

Después de leer la pregunta y aunque no digas nada, tu mente responde. Esto es así con preguntas sencillas y con complejas.

En las conferencias suelo hacer dos preguntas, una es sencilla como la que acabas de responder y otra es más compleja. Suelo preguntar algo que ahora te pregunto a ti. Te animo a que respondas (o no) a esta pregunta:

¿De qué color vas a pintar tu nave espacial?

No sé si habrás pensado en un color, los participantes suelen hacerlo, te animo a que busques mis videos en internet y veas cómo reacciona la audiencia. Verás que suelen visualizar la nave y su entorno. Porque la mente necesita generar la realidad requerida para responder a la pregunta. Y con los usuarios sucede lo mismo, cada vez que les preguntas, ellos componen la realidad necesaria para responder.

Algunas preguntas pueden enmascarar afirmaciones o juicios (p.e. ¿Por qué no has intentado esto o aquello?) así que no debemos confiarnos. No por el simple hecho de utilizar interrogantes estamos ayudando a desarrollar ideas a la otra persona.

Las preguntas son útiles cuando son producto de la curiosidad sin juicio. Cuando una pregunta tiene como fin la auténtica indagación y no contiene opiniones ocultas, es cuando resulta realmente útil para generar nuevos pensamientos en un entorno de confianza.

Suelen ser cortas y sencillas para que sean comprensibles y no requieran explicación por parte del coach ni pararse a pensar en su significado por parte del usuario. Hay que evitar que la persona tenga que esforzarse en comprender la pregunta y así permitir que su mente siga en su propia línea de pensamiento sobre su reto o preocupación.

Debe ser única en el sentido de que contenga una única pregunta. Es muy habitual que sintamos la necesidad de reformular o matizar una pregunta nada más hacerla. Cuando lanzamos varias preguntas, es posible que la otra persona tenga que rectificar el pensamiento y, además, seguramente se quede sólo con la última.

Por ejemplo, si preguntamos “¿Qué sentiste? ¿Te dolió mucho?” sólo obtendremos respuesta a la segunda. Esto es algo que podemos comenzar ya a observar y practicar en todas las interacciones del día a día. Si nos fijamos un poco, veremos cómo es una costumbre muy extendida entre las personas y sin embargo es algo que altera el fluir natural de las ideas de quien está respondiendo.

Abiertas. Una pregunta abierta es aquella que ofrece multitud de opciones de respuesta en contraste a una pregunta cerrada que sólo permite un número limitado de opciones (como sí o no). La pregunta “¿Estás bien?” es más cerrada que la pregunta “¿Cómo estás?”.

Las siguientes preguntas están ordenadas de más cerrada a más abierta, dependiendo de la amplitud de posibles respuestas:

  • ¿Quieres un vaso de agua?
  • ¿Quieres beber algo?
  • ¿Quieres tomar algo?
  • ¿Qué te apetece?

 

No dirigidas. Una pregunta dirigida es aquella que se hace pensando en conseguir una respuesta concreta. Se pueden hacer con muy buena intención, pero implica intencionalidad y el Coaching Realista es no directivo, así que debemos evitar dirigir al usuario hacia donde creemos que debe ir. Cuando usamos preguntas dirigidas, podemos provocar que la otra persona se ponga a la defensiva porque detecta que la estamos llevando adonde queremos nosotros y por lo tanto no es su proceso, es el nuestro. Si la otra persona siente que debe estar alerta, entonces no pensará libremente y el pensamiento no fluirá sin barreras. Las preguntas dirigidas se formulan para que el usuario descubra lo que nosotros ya hemos descubierto y eso supone que estamos aplicando nuestra interpretación en su realidad. Esa forma de preguntar tiene más que ver con la educación que con el coaching. Muchas veces, que una pregunta sea o no dirigida depende de la intención más que de la pregunta ya que el tono y el lenguaje corporal acompañan dando información.

Preguntas del estilo “¿Crees que eso es correcto?” (aparte de cerrada) puede parecer dirigida y lo será si lo que queremos es que el otro responda algo en concreto. Si nuestra intención es realmente averiguar si eso le parece o no correcto, entonces no es dirigida y esto muchas veces se transmite inconscientemente.

Una pregunta realmente útil es aquella que no contiene un punto de vista y que es formulada sin conocer la respuesta. Entonces es realmente un elemento que provoca reflexión y descubrimiento

Las preguntas cerradas también tienen cabida en los momentos adecuados. Por ejemplo, cuando queremos rematar algo que el usuario está diciendo de forma ambigua, necesitamos concretar para avanzar, confirmar un compromiso, etc.

La clave entre una pregunta dirigida o no dirigida está en si la hacemos porque queremos una respuesta concreta (dirigida) o porque queremos saber qué piensa la otra persona (curiosidad) y, al mismo tiempo, queremos que la otra persona escuche su propia respuesta (acompañamiento).

¿Por qué? Es una pregunta que, en principio, no debemos hacer. Me resulta muy curioso cómo esta pregunta es vista de forma muy diferente por quien la emite y por quien la recibe. Podemos querer averiguar los motivos de algo con toda la buena intención del mundo y deseando ayudar al otro, pero cuando escuchamos un “¿Por qué?” nuestra mente suele buscar una justificación personal (una excusa incluso) más que el origen de un acontecimiento. Es una pregunta que está orientada al pasado y ahonda en el problema. Si aplicamos todo lo visto hasta ahora, veremos que esto mismo se puede articular pensando más en la responsabilidad, el futuro y la solución si preguntamos “¿Para qué?”. Permite buscar intención futura en vez de justificación pasada. Te invito a que experimentes en este sentido ya que esta es una de las claves más impactantes del modelo lingüístico del Coaching Realista.

Medio en broma medio en serio, diré que la peor pregunta es aquella que es dirigida, negativa, incluye un consejo, contiene nuestra realidad y además comienza con un ¿Por qué?. Sin embargo, una de las preguntas más comúnmente usadas cuando queremos ayudar a alguien, es aquella que atiende al formato “¿Por qué no…?”. Esta supuesta inquietud esconde casi todo lo que hemos visto que no debe tener una pregunta que busca ayudar a la otra persona a liberar sus ideas.

Una pregunta puede también incluir presunciones potenciadoras o limitantes. Puede incluir elementos que dan por hecho una situación favorable. Por ejemplo, si alguien está queriendo lograr un reto, podemos preguntarle ¿Qué sucederá cuando lo consigas? Esta pregunta tiene implícito el éxito y anima a responder sin plantearse si es o no posible conseguirlo, por lo que ayudamos a la persona a “ir a futuro”. Es más potente que preguntar ¿Qué sucedería si lo consiguieras? Ya que en este segundo caso la persona responde desde la hipótesis y en el primero lo hacía desde el hecho de que lo iba a conseguir. La presunción potenciadora ayuda a la mente a visualizar el éxito igual que los asistentes a la conferencia visualizaban una nave espacial inexistente.

También puede tener presunciones limitantes que hay que evitar, por ejemplo: “¿Cuántas veces más vas a equivocarte antes de cambiar?”

Otros ejemplos de preguntas con presunciones son:

  • ¿Qué harás después de conseguirlo?

Presupone que lo conseguirá.

 

  • ¿Cómo gestionarás tu próximo ataque de ira?

Presupone que habrá otro ataque de ira.

 

  • ¿Para qué usarás el dinero que ganes?

Presupone que ganará ese dinero (y que lo usará)

 

  • ¿Cómo será tu día a día en la facultad?

Presupone que estará en la facultad

Las preguntas generan realidad y hacen que la mente se imagine en esa situación para responder. Por lo tanto, no sólo responde, sino que, además, se visualiza en esa situación.

Observar cómo preguntamos nosotros y los que nos rodean puede ser muy interesante. Te animo a que poco a poco vayas tomando conciencia de este punto pues es una herramienta tremendamente poderosa que potenciará extraordinariamente la calidad de la comunicación en nuestro entorno.

Te propongo que analices la forma en que preguntas y tal vez descubras que una y otra vez lo haces de forma dirigida y cerrada. No desesperes, manejar el arte de preguntar requiere tiempo y practicar en tu vida cotidiana te permitirá un gran progreso.

Con preguntas bien formuladas, podrás tener conversaciones en las que los usuarios encuentren sus respuestas y tú los acompañes en ese descubrimiento.

Ten en cuenta que la calidad de una pregunta no depende de lo buena que sea en apariencia, sino de los pensamientos que provoque en el usuario.

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